El taller de Vindplaats frecuentemente recibe a nuevos miembros.
La mayoría proviene de un barrio de la escuela llamado “nieuwkomers” (recién llegados).
De a poco, junto a los recién llegados vamos descubriendo de qué trata este espacio.
Los artistas antiguos tienen su propia caja azul.
En ella guardan diferentes cosas: corchos pegoteados, arcillas con piedras preciosas incrustadas, cámaras fotográficas diseccionadas, paquetes de galletas... proyectos en desarrollo o materiales curiosos que se almacenan para futuras sesiones de trabajo.
La inauguración de una nueva caja es de las cosas que más me gustan.
Al finalizar la sesión, un nuevo miembro del taller deambula perdido por la sala, con su trabajo en mano y sin saber dónde dejarlo.
¿Ya tienes una caja azul con tu nombre? Pregunta uno, mientras le indica dónde encontrarlas.
Así, con un ritual modesto, se etiqueta la nueva caja y se le busca un lugar en el estante.
Con tan simple gesto, entre quienes venimos llegando, nos vamos haciendo de un lugar en este taller.
La mayoría proviene de un barrio de la escuela llamado “nieuwkomers” (recién llegados).
De a poco, junto a los recién llegados vamos descubriendo de qué trata este espacio.
Los artistas antiguos tienen su propia caja azul.
En ella guardan diferentes cosas: corchos pegoteados, arcillas con piedras preciosas incrustadas, cámaras fotográficas diseccionadas, paquetes de galletas... proyectos en desarrollo o materiales curiosos que se almacenan para futuras sesiones de trabajo.
La inauguración de una nueva caja es de las cosas que más me gustan.
Al finalizar la sesión, un nuevo miembro del taller deambula perdido por la sala, con su trabajo en mano y sin saber dónde dejarlo.
¿Ya tienes una caja azul con tu nombre? Pregunta uno, mientras le indica dónde encontrarlas.
Así, con un ritual modesto, se etiqueta la nueva caja y se le busca un lugar en el estante.
Con tan simple gesto, entre quienes venimos llegando, nos vamos haciendo de un lugar en este taller.
Het atelier van Vindplaats ontvangt vaak nieuwe leden.
De meesten komen uit een wijk van de school die nieuwkomers heet.
Beetje bij beetje ontdekken we samen met de nieuwkomers waar deze ruimte over gaat.
De oude kunstenaars hebben hun eigen blauwe doos.
Daarin bewaren ze verschillende dingen: aan elkaar geplakte kurken, klei met ingebedde edelstenen, gedemonteerde camera's, pakjes koekjes... projecten die nog in ontwikkeling zijn, of nieuwsgierig makende materialen die bewaard worden voor toekomstige werksessies.
De opening van een nieuwe doos is een van de dingen die ik het leukst vind.
Aan het einde van de sessie dwaalt een nieuw lid van het atelier verdwaald door de ruimte, met zijn werk in de hand en zonder te weten waar hij het moet neerleggen.
"Heb je al een blauwe doos met je naam?" vraagt iemand, terwijl hij laat zien waar je ze kunt vinden.
Zo wordt, met een bescheiden ritueel, de nieuwe doos gelabeld en krijgt hij een plek op de plank.
Met zo'n eenvoudig gebaar maken wij, die net aankomen, ons stukje bij beetje een plek eigen in dit atelier.
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